Paideia psicoterapéutica. Un manifiesto.

La Paideia psicoterapéutica surge como una encrucijada de caminos donde convergen las ciencias del hombre y de la cultura con las artes (como  aconteciera en la cultura griega clásica).

Las Comunidades Terapéuticas, tal como  las concebimos, son ése punto de convergencia entre el individuo, su subjetividad, y sus realizaciones socio-político-culturales en el más amplio sentido del término.

Aspiramos –y quedará confirmado o refutado en los hechos- a constituir espacios de intercambio y producción para nuevas ideas en un mundo en crisis y transformación. Un espacio de total libertad –o donde pueda reinar la mayor cantidad de libertad posible en ése momento para ésas personas- para que la creación y el pensamiento desemboquen en aplicaciones prácticas posibles que mejoren la salud y calidad de vida de las personas con las que trabajamos y de la sociedad en la que vivimos y de la cual somos parte.

Paideia psicoterapéutica es un ensayo; un tiempo para la apuesta, para la creación que, de perdurar, irá definiendo sus características y perfil propio. Esperamos que sea sitial de acogida, basado en la más absoluta honestidad y disponibilidad para dar rienda suelta a la imaginación creadora y, así, encontrar nuevas propuestas que respondan a las necesidades cambiantes de las personas, grupos e instituciones que hacen parte de nuestra sociedad.

Propendemos que puedan desplegarse espacios de intervención que respondan a situaciones complejas que, eventualmente, aun no estén identificadas y que aparezcan. 

Paideia psicoterapéutica, es la resultante de un esfuerzo colectivo –pero no siempre parejo, como cualquier esfuerzo colectivo- donde hay aportes y compromisos diferentes. Este esfuerzo, para que sea una apuesta genuina, no puede dar lugar a las medias tintas y exige, de los involucrados, un compromiso ético y de ciertas tareas durante un cierto tiempo.

Construir salud es un trabajo permanente, de creación en y desde lo cotidiano. Promovemos la creación de una cultura de la salud como posibilidad específicamente humana a partir de diferentes quehaceres e intervenciones a desarrollar en contextos diferentes donde haya algún tipo de sufrimiento humano, algún malestar.

Nuestro país ha tenido un espacio cultural tradicionalmente hipercrítico y no siempre innovador, como decía Julio Herrera y Reissig. Crítica paralizante, en muchas ocasiones, de diversas formas de creación con una impronta  más o menos original. Para acercarnos a esto, reiteramos, debemos dar rienda suelta a la imaginación creadora y al intercambio honesto y solidario entre los participantes de cualquier grupo de tareas animado por éstas motivaciones y valores. Es todo un desafío que no podrán eludirlo quiénes apuesten a ésta posibilidad.